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jueves, 22 de junio de 2017

CAMBIO CLIMÁTICO, EN BUSCA DE UNA ECONOMÍA VERDE



Cambio climático, sus efectos, barreras de contención, negociaciones, acontecimientos y sucesos que forman los eslabones de una cadena que vincula la acción humana y el clima. Inopinadamente, la decisión de Donald Trump altera  acuerdos y previsiones. Los eslabones de la cadena pueden soltarse. La negativa de Trump a aceptar el cambio climático es sin duda una alerta de cuarentena en los 75 pasados años de paz y prosperidad; el orden internacional sustentado en complejos convenios multilaterales está en peligro.

El Acuerdo de París para contener las emisiones contaminantes quedaría amenazado, aunque ni está abolido ni los 195 países signatarios se resignarán sin defenderse. Dentro de Estados Unidos tampoco impera la resignación. California y otros Estados con sus propios programas de sostenibilidad sacan a la luz su determinación para seguir avanzando en la descarbonización y el estímulo de energías limpias. El propio mercado está ligado a frenar la contaminación. Fabricantes de automóviles abandonan las mejoras en los motores diésel en favor de vehículos no contaminantes. Las propias compañías eléctricas se inclinan por el gas natural y las energías renovables. Avances tecnológicos en las turbinas eólicas y en los paneles solares. Reducción de costes. Más empleo. En efecto, las industrias limpias emplean ya en EE UU tres veces más trabajadores que la industria del carbón. El gigante industrial General Electric apuesta por un aire limpio y porque EE UU mantenga el liderazgo en el desarrollo de las nuevas tecnologías.

La Revolución Industrial del siglo XVIII-XIX estuvo sostenida por la extracción y quema de combustibles fósiles, sin que se levantasen sospechas significativas sobre sus efectos contaminantes para la salud y el clima. En 1988, las Naciones Unidas crearon el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), que confirma el aumento de la temperatura media del planeta como consecuencia de la acción humana. Sin embargo, hasta 2005, en Montreal, no se ratificó el protocolo de Kioto, el primero internacional sobre cambio climático. En 2012, en Doha se alcanzó un nuevo acuerdo de mínimos para las amenazas contaminantes. En diciembre de 2015, en París, 195 países se comprometieron a realizar voluntariamente todos los esfuerzos a su alcance para que la temperatura de la Tierra no aumente más de 1,5 grados.

Un nuevo paradigma se abre paso: la economía verde. El economista Kristian Weise advierte: “si tienes un desarrollo inteligente tendrás más crecimiento y menos uso de los recursos naturales al mismo tiempo”. En Dinamarca aumenta la riqueza y se mantiene estable la producción de CO2; desde 1990 las emisiones se han reducido en un 40 por cien mientras el PIB ha crecido un 80 desde 1980.

El calentamiento climático es el resultado de la mayor presencia de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera por la utilización de combustibles fósiles, lo que exige su captura, transporte, almacenamiento y transformación. Hay que capturarlo antes de que llegue a la atmósfera. Un 70 por cien de esas emisiones, según los estudios de la ONU, procede de las ciudades. La temperatura media de la superficie del planeta ha aumentado 0,85 grados en el último siglo. Desgraciadamente, el calentamiento del Ártico es mucho más rápido. El IPCC señala un aumento de cuatro grados sobre la media. El Ártico es la región que más se calienta. Una amenaza cierta porque actúa como refrigerante del planeta gracias a que su cobertura blanca refleja más calor solar hacia el espacio del que absorbe.

Al fundirse el hielo aparecen áreas de aguas oscuras o superficies de tierra que absorben más calor del Sol, lo que provoca un efecto de retroalimentación positiva del cambio climático. El riesgo del planeta es cierto, pero las respuestas se hacen esperar o se niegan las evidencias. António Guterres, secretario general de la ONU, declaraba el pasado mayo: “el tren de la sostenibilidad ya ha partido de la estación, o estás a bordo o te quedas atrás. Quienes no apuesten por la economía verde tendrán un futuro gris”.

El abandono anunciado por Trump de los acuerdos de París es un error. Una decisión que avala la declaración de Angela Merkel acerca de que “el gobierno de EE UU ha dejado de ser un aliado fiable y previsible”.
El nuevo jefe de la Agencia de Protección Medioambiental (EPA), Scott Pruitt, rechaza el consenso científico acerca de la influencia de la acción del hombre sobre el clima. En efecto, Pruitt demandó a la EPA unas 14 veces cuando era fiscal general de Oklahoma, paralizando la entrada en vigor del Clean Power de Barack Obama, cuyo objetivo era limitar las emisiones de CO2 hasta reducirlas un 30 por cien en 25 años desde los niveles de 2005. Otro negacionista preside ahora el Comité de Ciencias del Congreso. Se están formulando propuestas legislativas para prohibir a la EPA realizar investigaciones sobre los efectos de la contaminación en la salud pública y, al mismo tiempo, permitir a los representantes de industrias (¿sospechosamente contaminantes?) participar en comités medioambientales.

España no tiene aún una clara política medioambiental. El último episodio de esta serie de vacilaciones se concreta en la pérdida del arbitraje sobre las renovables por el recorte de las primas. El laudo arbitral ha decretado una indemnización del Estado español para Eiser por un importe de 128 millones de euros. Los 26 arbitrajes pendientes entre el gobierno y los afectados por el recorte de primas –una especie de expropiación encubierta– tal vez eleven el peso de las indemnizaciones por encima de los 3.000 millones de euros. Un coste para el erario público. Un error para la implantación de las energías limpias que se añade al desenlace del almacén Castor en las costas de Tarragona y Castellón, y al intento frustrado en aguas canarias sobre nuevos yacimientos de petróleo y gas. Una cadena de incidentes que restan credibilidad al compromiso suscrito por España en París.

Por María José Martínez Vial

FUENTE: Estudios  de  Política Exterior, 22 / junio / 2017

EL CAMBIO CLIMÁTICO ES UN PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA




Aumento de enfermedades infecciosas -que creíamos en gran parte controladas- por falta de infraestructura sanitaria básica; más casos de problemas respiratorios y alergias; impactos sobre la salud por pérdidas económicas asociadas a las zonas productivas anegadas; incrementos en las muertes por golpe de calor; personas sufriendo las consecuencias del dengue y otras enfermedades transmitidas por mosquitos que extienden paulatinamente sus hábitats hacia zonas antes libres de su presencia, y más... El cambio climático llegó para quedarse y la salud de los habitantes de nuestro país se verá afectada en una magnitud que no ha sido aún evaluada en profundidad.

Ya no hay científicos independientes que pongan en duda el fenómeno de cambio climático que está ocurriendo en el planeta y tal convicción marcó el nacimiento –aunque a la fuerza- del Acuerdo de París, firmado hace más de un año por 190 países y del que Donald Trump acaba de bajar a Estados Unidos. Recientemente , a través de los medios, se han conocido algunos datos de un reciente libro de investigadores del Conicet (La Argentina y el cambio climático, de Vicente Barros e Inés Camilloni), que señala que las precipitaciones extremas y el promedio de la temperatura seguirán aumentando en nuestro país. Las zonas socialmente más vulnerables serán las más complicadas debido a los escenarios de inundaciones más frecuentes, olas de calor y el menor margen de adaptación por la dificultad de acceso a los servicios de salud y la falta de infraestructura básica, enormes deudas pendientes de la política argentina.

En ese contexto, la pregunta es obvia: ¿Cómo se prepara el sector salud ante los escenarios que nos anticipa la ciencia? ¿Qué políticas sanitarias se pondrán en marcha para poner a la salud como prioridad en la lucha contra el cambio climático? Tal como lo anunciaba la prestigiosa revista científica The Lancet hace ya dos años, el cambio climático amenaza con revertir los avances en salud de los últimos 50 años.

Existe en el mundo un movimiento creciente de hospitales, centros y sistemas de salud que trabajan para aumentar su resiliencia frente a los cambios que ya están sucediendo, así como para reducir sus emisiones de dióxido de carbono. Tienen planes de eficiencia energética, instalan paneles solares, promueven y facilitan el uso de la bicicleta y el transporte público para trabajadores y pacientes, entre otras acciones. Una revolución que todavía no ha llegado a nuestro país, salvo por algunas iniciativas aisladas.

Para las instituciones de salud -únicas cuya misión es curar-, reducir su propia contribución al problema empleando cada vez más energías renovables y prepararse para atender los escenarios de enfermedades, así como cortes de luz y acceso al agua potable que suceden a menudo con las inundaciones, es un imperativo ético y estratégico que espera de decisiones y políticas sanitarias que estén a la altura del problema.

Por Verónica Odriozola,  directora ejecutiva para América latina de la ONG Salud sin Daño.

FUENTE:  Clarín.com, 22 / junio / 2017

CAMBIO CLIMÁTICO: "REALIDAD COTIDIANA"



Si de verdad asumimos nuestro compromiso con el cambio climático, tenemos que ver con urgencia políticas que incentiven las energías limpias y el derecho de la ciudadanía a producirlas, y directrices claras que regulen el abandono de las energías sucias y peligrosas.

La revolución industrial se caracterizó por un conjunto de cambios y avances industriales, científicos y tecnológicos que marcaron las bases de un modelo social que apoyaría sus cimientos en el crecimiento y la producción.

El desarrollo de la minería del carbón fue esencial para el progreso de la revolución industrial, ya que este mineral se convirtió en fuente de energía que movía las máquinas, particularmente la de vapor.

El carbón pasó entonces a ser consumido y, en mayores cantidades, en el ámbito industrial, además de en el doméstico. En 1812 se creó en Londres la Gas Light and Coke Company, primera compañía de gas del mundo para proveer alumbrado público con gas producido a través de carbón.

En 1895, con la aparición de los primeros automóviles, que necesitaban gasolina, aumentó de manera exponencial la demanda de petróleo y en los años siguientes se consumiría en grandes cantidades.

Este nuevo combustible fósil se conocía desde la prehistoria pero se usó muy poco hasta la segunda mitad del siglo XVIII. Se calcula que de 1957 a 1966 se utilizó casi la misma cantidad de petróleo que en los 100 años anteriores.

Esta forma de producción basada en la extracción y quema de los combustibles fósiles dispara las emisiones de CO2 a la atmósfera, a la vez que incrementa de forma alarmante la brecha en el desarrollo industrial y comercial que hay entre los diferentes países.

Pasarán muchos años hasta que comiencen las investigaciones climáticas, y no será hasta finales del siglo XIX cuando los científicos ya argumentan que las emisiones procedentes de las actividades del hombre tienen un efecto invernadero que podría cambiar el clima.

Casi un siglo después, en 1988, se establece en el marco de las Naciones Unidas el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). El IPCC agrupa a centenares de científicos expertos de diferentes países encargados de evaluar, revisar, analizar y recopilar los conocimientos científicos relativos al cambio climático y que han redactado decenas de informes que se traducen en los seis idiomas oficiales de la ONU.

Además existen otras instituciones como la NASA, el Centro de investigación climática internacional, la Organización Meteorológica Mundial o el Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo, que obtienen datos climáticos cada vez más precisos y modelos con numerosas variables cada vez más ajustados para predecir los impactos.

La NASA analizó qué variables provocaron el aumento de temperaturas en el periodo 1880-2005, incluyendo factores naturales como los episodios volcánicos y los cambios orbitales del planeta, y factores humanos como los usos del suelo, aerosoles y gases de efecto invernadero (GEI); y demostró que el aumento de las temperaturas registradas va de la mano de las emisiones de GEI derivadas de actividades humanas…

FUENTE: Estudios  de  Política  Exterior , 22 / junio / 2017

miércoles, 21 de junio de 2017

IMPUESTOS CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO: "UNA IDEA QUE UNE A EXXON, SANTANDER, Y STEPHEN HAWKING"


  • Un think tank lanza un plan con el respaldo de ilustres figuras republicanas
  • La recaudación se repartiría entre los contribuyente a modo de dividendo
  • La propuesta recoge la desregulación de las normas medioambientales





  • Dos semanas después del portazo de Donald Trump a la lucha contra el cambio climático al sacar a EEUU del Acuerdo de París, el empresario Ted Halstead ha puesto en marcha el Consejo de Investigación sobre el Clima, rodeándose de líderes como el gestor de hedge funds Ray Dalio, el célebre físico Stephen Hawking y el magnate Michael Bloomberg y de empresas como ExxonMobil, Shell o Banco Santander para impulsar soluciones al problema. La organización defiende, desde los principios conservadores del libre mercado y la menor injerencia posible del Gobierno, la implantación de un impuesto a las emisiones de carbono cuya recaudación iría destinada a los ciudadanos estadounidenses.

    Los mismos políticos que respaldaron al ex presidente de Goldman Sachs, Gary Cohn, como principal asesor económico de Donald Trump, los ex secretarios del Tesoro James Baker y George Shultz han elaborado la propuesta económica del Consejo de Investigación sobre el Clima para afrontar el problema del cambio climático. 
     
    La iniciativa de la organización defiende la aplicación de un impuesto sobre las compañías que generan emisiones de CO2. El Consejo propone gravar con 40 dólares cada tonelada de gases. La parte más original de los economistas es que la recaudación sería devuelta al pueblo estadounidense en igualdad de condiciones y mensualmente a través de dividendos, depósitos directos o contribuciones a sus pensiones de jubilación, con el objetivo de incentivar a cada ciudadano de reducir su huella de carbono.
     
    El consejo calcula que una familia de cuatro miembros ingresaría alrededor de 2.000 dólares solo en el primer año. El tributo sería progresivo (aumentaría cada año) y cuánto mayor cantidad de emisiones se reducen más alta sería tasa impositiva y mayores ingresos percibirían los contribuyentes.
     
    El ex secretario del Tesoro bajo el mandato de Bill Clinton, Lawrence Summers, es uno de los
    fundadores de este think-tank de origen republicano. Summers ha destacado que "es imposible que no sea buena idea cuando la apoyan grandes petroleras", dijo durante la presentación. Como miembros fundadores aparte de ExxonMobil y Shell, también se encuentran la francesa Total y la británica BP.
    Entre los fundadores de la organización también se encuentran dos de los economistas de cabecera del Partido Republicano: Gregory Mankiw y Martin Feldstein, quienes fueron principales asesores económicos de  George W. Bush y Ronald Reagan, respectivamente. Junto a ellos, aunque no forma parte de la organización, participó en el desarrollo del plan Henry Paulson, ex secretario del Tesoro en la época del propio Bush y arquitecto del rescate bancario tras el crash de Lehman Brothers.
    Además, forman parte de esta iniciativa importantes figuras del mundo empresarial como Lauren Powel Jobs, viuda del fundador de Apple; Rob Walton, miembro de la familia que controla Wal-Mart; Thomas Henderson, inversor y miembro de Sequoia Capital. También es miembro Steven Chu, premio Nobel de Física.

    Desregulación

    Además de promover el impuesto verde, con el que cree que terminará con el problema de las emisiones, quiere impulsar la desregulación de todas las normas federales de control climático. De hecho, la idea es que sea fiscalmente neutral, ya que desaparecerían las actuales regulaciones medioambiantales impulsadas por Barack Obama.
     
    Como último punto del plan, apuesta por endurecer aranceles contra las importaciones de países que no graven a sus empresas con impuestos a las emisiones de efecto invernadero, "para proteger la competitividad de las compañías estadounidenses y obligar a otros países a adoptar el mismo sistema". Las exportaciones que salgan del país serán bonificadas si el destino no tiene tributos ecológicos.
     
    Según el Consejo de Investigación sobre el Clima, de aplicarse sus medidas se conseguiría cumplir con los objetivos establecidos por Barack Obama el doble de rápido.
    A pesar de su inspiración claramente conservadora, Halstead busca que haya consenso entre republicanos y conservadores para sacar adelante las cuatro medidas del Consejo y que tenga repercusión internacional.
    Pero la nómina de personalidades que respaldan públicamente la organización, que ha sido hoy desvelada con una publicidad a toda página en The Wall Street Journal, no esconde que es la respuesta republicana a la inacción de Trump. "La solución encarna los principios conservadores del libre mercado y el gobierno limitado. Ofrece también un camino justo, popular y políticamente viable, sentando las bases para un muy necesario avance bipartidista".
     
    De las once empresas fundadoras de la organización más de la mitad son europeas y todas tienen un perfil distinto (bancos, automovilísticas o gigantes de la distribución como Unilever). 
     
    FUENTE: el economista.es , 20 / junio / 2017

    COLOMBIA NO SABE COMO COMUNICAR EL CAMBIO CLIMÁTICO



    Un artículo publicado en la “Enciclopedia Oxford de Investigación en Ciencia del Clima” analizó cómo el Gobierno, los medios, la academia y las ONG comunican este fenómeno. Descubrieron que tienen lenguajes que confunden al individuo y no buscan que haya cambios.
     
    El estudio afirma que la mayoría de comunicaciones no llaman a la acción. / Cristian Garavito
    Si hay algo en lo que parecen estar de acuerdo la mayoría de sectores, desde la política hasta la academia, es que Colombia está en una posición privilegiada para aprovechar los acuerdos internacionales que buscan financiar iniciativas de desarrollo sostenible. Sin embargo, en donde todavía no parece haber consensos es en si el país está aprovechando estas oportunidades al máximo, pues aún da la sensación de que es algo de lo que se habla mucho, pero sobre lo que se hace poco.

    Parte de la respuesta a por qué Colombia no ha podido tomar acciones más contundentes frente al cambio climático podría estar en el hecho de que no hemos entendido bien cómo comunicarlo. Una conclusión a la que llegó el artículo “Comunicación del cambio climático en Colombia”, publicado en la Oxford Research Encyclopedia of Climate Science por cuatro investigadores colombianos.
    Según explica Luisa Lema, coordinadora de política pública de la ONG Fondo Acción y coautora del estudio, en principio la idea del artículo, por tratarse de una enciclopedia, era hacer una revisión de los estudios que existían en el país. Pero, debido a que es muy poco lo que se ha estudiado sobre comunicación del cambio climático, terminaron agregando un capítulo con casos propios. Concretamente, examinaron cómo cuatro sectores comunican el tema: el Gobierno, los medios, la academia y las ONG.

    El Gobierno, afirma el artículo, tiene una tendencia a generar documentos de políticas públicas en abundancia, donde no faltan los relacionados con el cambio climático, liderados por el Departamento de Planeación Nacional y el Ideam. No obstante, a pesar de estos esfuerzos, el estudio concluye que la información es producida en un lenguaje muy técnico que falla al llamar a la acción.

    Como estudio de caso, el análisis tomó las comunicaciones nacionales presentadas ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, ya que “son documentos que el Gobierno hace con tiempo, sin afán, y permiten rastrear la forma como se ha comunicado el cambio climático en el tiempo”, agrega Lema.

    Así encontraron que, mientras la primera comunicación, publicada en 2001, fue un documento de “puertas cerradas”, la segunda, divulgada en el 2010, iba más allá y fue comunicada y publicada en ciertos medios de comunicación. La tercera y última comunicación, que ha sido presentada por módulos entre el 2015 y el 2017, muestra dos avances: que se ha buscado recolectar información del público general para construirla y que su comunicación ha sido diseñada para que personas que no conocen la jerga técnica la entiendan. Los documentos “Los escenarios de cambio climático”, “El inventario de gases de efecto invernadero” y “Análisis de vulnerabilidad y riesgo por cambio climático para los municipios de Colombia” muestran que en los últimos años ha existido un gran avance en cómo se comunica esta información en Colombia.

    Los medios, en cambio, han fallado en dos cosas. La primera es que “una mayoría abrumadora sólo comunica lo que el Gobierno comunica”, afirma Lema, afectando así a toda la cadena de comunicación de ahí para abajo. Además, los medios suelen confundir conceptos como cambio climático y variabilidad climática o atribuir los fenómenos naturales a “fuerzas mayores”. “Sólo se habla de cambio en los medios cuando es un tema eventual o cuando hay un evento catastrófico, y esta relación con el lenguaje de desastre bloquea a la gente, porque da la sensación de que no se puede hacer nada al respecto”, explica la investigadora.

    Ahora, parte de que los medios tengan como primera fuente al Gobierno se debe a que la academia anda desconectada, en una especie de burbuja. Después de buscar los artículos publicados en la base de datos en inglés Scopus y en la base de datos en español Scielo, en la que estuvieran relacionados investigadores colombianos y la palabra cambio climático, se dieron cuenta de que la academia está más inclinada a publicar en inglés, lo que puede obstaculizar el acceso del Gobierno y los medios a esa información. La mayoría de la publicación científica se queda en los almanaques y no es consultada para tomar decisiones.

    Finalmente, en cuanto al trabajo que vienen desarrollando las ONG, éstas parecen tener claros dos aspectos en los que los demás sectores fallan: producir información dirigida específicamente al individuo y lograr que esta información suponga un llamado a la acción. “Las ONG tienen un comportamiento distinto porque están en el territorio y tienen un trabajo con la gente. Son conscientes de la responsabilidad individual frente al cambio climático, que se traduce en comunicación y campañas”, concluye Lema, quien, por trabajar en una ONG, no participó en esta parte del estudio.

    Es así como el panorama de Colombia en comunicación del cambio climático parece ser el de un teléfono roto. Hay una desconexión entre quién produce la información, cómo la comunica y el ciudadano o el tomador de decisiones a quienes la información debería serles útil.

    “Este análisis lo hicimos partiendo de que la comunicación debería ser un detonador para que, ya sea el Gobierno o el individuo, tome una acción. Pero lo que encontramos es que siempre nos estamos refiriendo al cambio climático como algo que nos supera, una avalancha, y la gente así no queda empoderada para sentir que sus acciones individuales pueden contribuir a hacerle frente”, explica Lema.

    Una conclusión que, aunque podría parecer irrelevante, toma gran valor si se tiene en cuenta que los lugares con mayor capacidad para desarrollar acciones de mitigación, como los proyectos de pago por captura de carbón en los bosques, están habitados por comunidades indígenas o afros. Como para implementarlos se debe hacer una consulta previa, si se falla en lograr que el ciudadano de a pie entienda la importancia de estas acciones, la lucha contra el cambio climático seguirá siendo algo de lo que se habla en documentos, infografías y paneles internacionales. Pero nunca llegará a tomar un lugar en las vidas diarias.

    FUENTE: El Espectador, 19 / junio / 2017

    SCHWARZENEGGER SE PLANTA CONTRA TRUMP POR EL CAMBIO CLIMÁTICO


    Arnold Schwarzenegger, exgobernador de California, dijo que "un solo hombre no parará nuestro progreso, un solo hombre no traerá de vuelta las energías sucias del pasado y un solo hombre no nos derrotará".
    Schwarzenegger. Foto: Archivo


    El exgobernador de California Arnold Schwarzenegger aseguró hoy que la decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de sacar a su país del Acuerdo de París no logrará detener la lucha contra el cambio climático.

    "Para aquellos de vosotros que estáis preocupados, dejadme ser totalmente claro: Un solo hombre no parará nuestro progreso, un solo hombre no traerá de vuelta las energías sucias del pasado y un solo hombre no nos derrotará", aseguró el político conservador durante una cumbre sobre cambio climático en Viena.

    "Ganaremos y crearemos un futuro para nuestros hijos y nietos del que puedan estar orgullosos", prometió Schwarzenegger, muy activo en las políticas de energías limpias y contra el cambio climático desde su época de gobernador de California.

    Schwarzenegger afirmó que sigue siendo optimista, porque Estados Unidos no es únicamente el Gobierno de Washington y destacó que muchas autoridades locales y regionales, las universidades, las empresas, los científicos y la mayoría de la población del país sigue comprometida con el Acuerdo de París.

    "Aunque un hombre pueda dar la espalda a (acuerdo de) París y al progreso medioambiental, nuestros Estados y nuestras ciudades no lo han hecho", defendió.

    Schwarzenegger recordó que cuando, como gobernador de California, lanzó sus políticas de apoyo a las energías limpias, el Gobierno federal no sólo no prestó ayuda sino que bloqueo esas políticas.

    "La conclusión es que nunca ralentizamos nuestro progreso por Washington", dijo Schwarzenegger, creador de la iniciativa "R20", una coalición de regiones y municipios unidos para limitar la emisión de gases de efecto invernadero.

    "Incluso si el actual inquilino de la Casa Blanca piensa que puede detenernos en nuestro progreso e incluso si toda la ciudad de Washington piensa que puede frenarnos, no tendrán ninguna oportunidad", prometió.

    Por ello, Schwarzenegger pidió no centrarse en las noticias negativas y pidió hablar, dijo, de los empleos que se están creando y las vidas que se están salvando al abandonar los combustibles fósiles.

    Así, recordó que cuando en 2004 era gobernador de California, en una feria de automóviles en Los Ángeles apenas había modelos de combustibles alternativos o eléctricos y que siete años después, ya había 50.

    "Es verdad que nuestro progreso asusta a alguna gente. No los culpo porque es la naturaleza humana: prefieren el pasado conocido que el futuro que no conocemos", dijo el exgobernador, quien destacó la necesidad de comunicar que la "energía verde" puede traer muchos beneficios.

    En ese sentido, calificó de "táctica del miedo" y de "mentiras" el mensaje de que la apuesta por las energías limpias afectará negativamente a las empresas y al empleo, y puso de ejemplo el éxito económico de California en esa materia.

    Schwarzenegger pidió no politizar la lucha contra el cambio climático y recordó que los conservadores y los liberales respiran el mismo aire y beben la misma agua.

    El exgobernador de California participa en la Austrian World Summit, una cumbre que reúne a dirigentes políticos, empresariales y de la sociedad civil para discutir sobre los objetivos de desarrollo de la ONU, con especial atención al clima y al medioambiente.

    FUENTE:  El  País , Mundo , 20 / junio / 2017 

    PARA LUCHAR CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO, LAS CIUDADES DEBEN EVITAR LOS AUTOMÓVILES



    En ciudades grandes, un tercio de las emisiones de gases efecto invernad...

    El 1 de junio, los Alcaldes del Clima de Estados Unidos, una red de más de 300 líderes de ciudades, incluidos los alcaldes de las cinco ciudades más grandes del país, publicaron un compromiso de "adoptar, honrar y respetar los compromisos con los objetivos consagrados en el Acuerdo de París".

     Las ciudades cumplirían las promesas que Donald Trump había abandonado.

    Pero tengo malas noticias para este grupo. ¿Quieren luchar contra el cambio climático? Tendrán que luchar contra los automóviles. En las ciudades más grandes del país, los autos representan alrededor de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero. A nivel nacional, el transporte es actualmente el mayor contribuyente a las emisiones de carbono.

    Y esto todavía se pone peor, al menos desde una perspectiva política. Los alcaldes pueden financiar el transporte, construir carriles exclusivos para autobuses y bicicletas, ponerle fin al estacionamiento gratuito y reformar los códigos de construcción que los requieren (aunque la mayoría no lo requiere). Pero, en última instancia, la única forma de combatir la dependencia estadounidense de los autos es reformar la manera en que construimos y, en particular, evitar los patrones de asentamientos de baja densidad que hacen impracticable o imposible para los estadounidenses ir a cualquier parte sin un auto personal.

    Berkeley, California, es un gran estudio de caso. Más de un 90% de los votantes de esta ciudad votaron por Hillary Clinton en noviembre y Jill Stein superó a Donald Trump. Si existe otro sistema político estadounidense con más devoción evidente a la lucha contra el cambio climático, no sé donde hallarlo. La ciudad es el hogar de la Universidad de California y del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley. El alcalde Jesse Arreguín ha prometido presentar un proyecto de ley para obligar a la ciudad a cumplir los compromisos del Acuerdo de París.
    Relacionado
    mapa de las ciudades que firmaron la carta a favor del acuerdo de paris&
    Pero incluso en Berkeley, los liberales tienen un punto ciego cuando se trata de la política de vivienda y las opciones de transporte que requiere. Como concejal en 2014, Arreguín impulsó una medida electoral que imponía condiciones extremadamente rigurosas sobre los nuevos desarrollos. Fracasó, pero su elección como alcalde en noviembre se consideró un reproche al historial prodesarrollo de su oponente Laurie Capitelli. "Fue una elección muy clara en la que mi oponente literalmente ha refrendado cada proyecto [inmobiliario] que se presentó ante este concejo", le dijo Arreguín al San Francisco Chronicle el pasado otoño.

    En la reunión del Concejo Municipal la semana pasada, que abarcó una serie de temas relacionados con la vivienda, esta disonancia se mostró en la queja de un residente acerca de la propuesta de un nuevo edificio que proyectaría sombras sobre sus plantas de calabacín. El proyecto fue devuelto a la Junta de Ajustes de Zonificación de la ciudad. Los calabacines vivirán para contarlo.
    " Demorar o denegar autorizaciones de vivienda les sugiere a los vecinos de Berkeley que sus tácticas dilatorias funcionarán e invitará a más de ellos a hacer lo mismo en el futuro", escribió el desarrollador de web Kevin Burke en una carta al Concejo después de la reunión, expresando su decepción con la decisión. "Preferiría una crisis de jardines de calabacín que una crisis de vivienda".

    Otras propuestas más fundamentales también están bajo consideración. Un grupo de expertos de vivienda dirigido por la miembro del Concejo Lori Droste llamó la atención acerca de una editorial sobre el efecto que ciertas resoluciones podrían tener sobre el crecimiento del parque inmobiliario.

    Existe un proyecto de ley que está buscando disminuir la densidad de zonificación de Berkeley, disminuyendo la capacidad potencial de residencia de la ciudad. " Reducir la densidad de zonificación sería un desastroso paso atrás para Berkeley y empeorará indudablemente la asequibilidad y provocará aun más desplazamiento y exclusión", escribieron. Una segunda propuesta elevaría los impuestos de nuevas vivienda para aportar al fondo de vivienda asequible de la ciudad, pero no se analizan los impactos de esto. "Si los niveles de pago se dejan demasiado altos (y es probable que estén entre los más altos en el Área de la Bahía), las nuevas viviendas se irán a otras ciudades y probablemente no veamos ninguna vivienda asequible —o ninguna vivienda— en Berkeley por un largo tiempo".
    El aumento del nivel del mar y el cambio climático afectarán duramente a...
                    

    Pero esto no se discutió en la reunión. La iniciativa de aumentar los honorarios de un nuevo desarrollo para financiar viviendas asequibles se debatió y se postergó hasta una fecha posterior.
    Está bien establecido que revocar las restricciones de vivienda es parte de la lucha por la justicia racial y económica. Pero en un momento de activismo e indignación por el cambio climático, vale la pena reflexionar sobre el grado en que la prohibición de construcción de viviendas en terrenos desocupados es una política ambientalmente reaccionaria.

    Mientras menos personas vivan en Berkeley y en otras ciudades y suburbios con abundancia de empleos cerca del Área de la Bahía, más personas tendrán que conducir. Más de la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero de Berkeley provienen de automóviles y camiones.

    El Plan de Acción Climática de la ciudad comprendió esto. La reducción de las millas vehiculares recorridas (VMT, por sus siglas en inglés) es "imprescindible", dice. "La estrategia más eficaz para la reducción de las VMT a largo plazo es colocar las nuevas viviendas cerca del transporte público".

    El documento señala que, entre 1999 y 2006, la ciudad dejó de cumplir la meta de producción de viviendas establecida por la Asignación de Necesidades de Vivienda Regional (RHNA por sus siglas en inglés). Entre 2007 y 2014, la ciudad construyó aproximadamente la mitad de lo que pidió la RHNA. Sí, ese período coincidió con una importante recesión. Pero Berkeley todavía va a la zaga de la tasa objetivo de la RHNA para los ocho condados del área de la Bahía que es de un 57%.
    "Aunque Berkeley debe seguir construyendo más viviendas, también debería hacerse más hincapié en otras comunidades con mucho transporte público que no han cumplido los objetivos de la RHNA para acomodar el crecimiento de la región", dice el documento.

    Esto no es erróneo. En algunos aspectos, es injusto apuntar solo a Berkeley. Hay muchos peores actores en la Bahía, especialmente los suburbios con muchos empleos y pocas viviendas de Silicon Valley. Casi todas las ciudades que se consideran a sí mismas un faro del progresismo ambiental tienen requerimientos mínimos de estacionamiento, entre una multitud de otras políticas que perpetúan el status quo.

    Los actores corporativos han actuado de manera desafortunada: Apple, que se compromete a gastar 1,000 millones de dólares en la lucha contra el cambio climático, recién construyó una sede con 11,000 plazas de estacionamiento, las que condenan a sus trabajadores a décadas de viajes en auto.
    Los activistas ambientales y las organizaciones sin fines de lucro se oponen a nuevos proyectos basados en los argumentos de que empeorarán la congestión, ocuparán terrenos baldíos o amenazarán la biodiversidad local. Pero al desplazar la demanda fuera de las zonas urbanas, los activistas promueven la expansión y los largos viajes que empeoran la contaminación atmosférica regional.

    Los políticos socavan de manera transparente las causas que dicen defender. El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio ha ensalzado el sacrificio en aras de salvar la Tierra, pero insiste en una caravana de dos o tres vehículos SUV que lo transporta cada mañana al gimnasio por media ciudad (en una ciudad donde más de la mitad de los viajeros utilizan el transporte público).

    La crisis de la vivienda en el Área de la Bahía —así como el cambio climático— es un problema de acción colectiva. La región estaría mucho mejor si cada ciudad acordara construir. Aunque, mientras tanto, construir más significará acoger a más población, con los dolores de crecimiento que esto implica.

    Indudablemente las plantas de calabacín de Berkeley son el menor de nuestros problemas. Pero la impecable y orgullosa reputación progresista de la ciudad hace que sea un blanco justo para el escrutinio. Se supone que es un paradigma y mejor que el resto. Es un lugar con el que los ambientalistas cuentan para adoptar una postura moralista y avergonzar a sus semejantes en consecuencia. La construcción de viviendas en terrenos desocupados es el equivalente municipal a la conducción de un híbrido: si toman en serio la lucha contra el cambio climático, entonces es una cuestión que no está sujeta a debate.

    FUENTE: CityLab, 20 / junio / 2017